Miguel Hernández, poeta autodidacta ¿Mito o realidad?

Miguel Hernández, poeta autodidacta ¿Mito o realidad?

Miguel Hernández, poeta autodidacta ¿Mito o realidad?

Natural de Orihuela (Alicante), Miguel creció en el seno de una familia humilde que, en contra de lo que dicta la creencia común, sí le dotó de formación. En concreto, su educación se desarrolló entre los años 1919 y 1925, fecha en la que su padre lo dedicó al pastoreo junto a su hermano Vicente.

MEDALLA AL MÉRITO ACADÉMICO DEL COLEGIO SANTO DOMINGOLa educación de Miguel comenzó en la guardería privada Nuestra Señora de Montserrat (Orihuela), donde estudió preescolar. Seguidamente, con nueve años, cursó los ciclos de educación elemental y primaria en las Escuelas de Ave María (Orihuela). Y sólo cuando entró en el Colegio Santo Domingo de Orihuela y comenzó sus estudios como bachiller su padre decidió sacarlo a pesar de la oferta de los jesuitas para concederle una beca.

CALIFICACIONES MIGUEL HERNÁNDEZ NOVIEMBRE 1923Es de esta última etapa de la que se conserva más documentación en su legado. Destacan, por ejemplo, las tres medallas del Colegium S. Dominici Oriolence entregadas al poeta como reconocimiento a sus grandes méritos académicos. Y es que tal y como se puede comprobar en sus calificaciones –ubicadas y custodiadas a día de hoy en el Instituto de Estudios Giennenses-, Miguel Hernández fue un estudiante de matrícula. Había de serlo para que los jesuitas le ofrecieran a su padre la posibilidad de que Miguel continuara con su educación a través de una beca completa.

MIGUEL HERNÁNDEZ JUNTO A SUS COMPAÑEROS Y MAESTRO EN LAS ESCUELAS DE AVE MARÍADesde bien pequeño, recién ingresado en la escuela, Miguel Hernández, al que vemos posando junto a su maestro y compañeros –arriba al centro-, destaca por su facilidad para la lectura y la escritura. Años más tarde, cuando su padre le priva de la oportunidad de continuar con los estudios de manera reglada, es esta facilidad y su interés -¡su tremendo interés!- el que le lleva a seguir aprendiendo de los más grandes. Lee a Fray Luis de León, Virgilio, Góngora, Cervantes, Juan Ramón Jiménez, etc. Autores cuyas obras continúan aún hoy en la biblioteca personal del poeta pastor y a través de los cuales encuentra la inspiración, la técnica y la decisión para comenzar a escribir sus propias obras y dar de esta manera los que serán los primeros pasos de un brevísimo pero intenso recorrido como literato.

En este recorrido debemos señalar la importancia que tuvo el entonces canónigo Luis Almarcha. Este hombre no sólo es quien recomienda a Miguel para su paso al Colegio Santo Domingo de Orihuela. También le ofrece su gran biblioteca personal y hasta su máquina de escribir cuando el poeta es retirado de sus estudios para dedicarse al pastoreo. Incluso le proporciona apoyo económico para publicar la primera edición de Perito en Lunas. El canónigo es, en estos primeros años, un sólido estímulo y sostén para Miguel, tal y como se deduce de las palabras que el poeta le dedica en el borrador de una de las cartas que le envió durante su juventud:

BORRADOR DE MIGUEL HERNÁNDEZ A LUIS ALMARCHA OCTUBRE 1932“Es el caso, querido don Luis, que deseo vivísimamente estudiar y en casa no pueden o, no sé, no quieren mantenerme si no trabajo (mi padre dice: si no doy “producto”, como una máquina o un pedazo de tierra) Yo me ahogo en mi casa. Me dicen que no hago nada. Y yo no respondo que en los seis meses que no hago “nada” he hecho más que nunca: (dar un salto enorme en la poesía, leer muchos libros y preparar uno para dentro de unos días) porque, ¿para qué?... [me repetirán]. Ellos no sabrán nunca que leer y hacer versos e inclinarse sobre la tierra, o sobre las cabras son una misma cosa. Y para leer y hacer versos como para trabajar es necesario (¿verdad?): amor. Y yo lo hago, lo hago y siempre amo, y no hago lo que hice una vez y siempre odio.”


Nunca podremos saber qué hubiese sido del poeta pastor sin esos 6 años de educación. Tal vez hubiese seguido siendo poeta. Tal vez sólo hubiera sido pastor. Lo que sí sabemos es que su formación en esos primeros años de su vida y las relaciones que inició entonces –de las que hablaremos más adelante- marcarían de forma definitiva su vida y su obra.

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